Brunilda A. Contreras N.

Brunilda Altagracia Contreras Núñez nació en Santa Ana, Salcedo. Es maestra, comunicadora social y operadora en Programación Neurolingüística. Ha publicado las obras: Ensayo sobre cultura netamente campesina, que ya tiene cuatro ediciones, Tras la olla de oro, Por la ruta de los soles, Chiví-cien adivinanzas nuevas, Mi vaca de retahílas (dos ediciones), que obtuvo el premio Misael Valentino, otorgado por los niños de la Obra Pía del Museo de La Habana, También, ¿Y qué nombre le pondremos?-más adivinanzas, El Ramageo, El mal del juicio, novela que quedó finalista en el concurso El Barco de Vapor, de Ediciones, SM., y Esperanza, novela con la que obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infanto-Juvenil Aurora Tavárez Belliard, 2010, otorgado por el Ministerio de Cultura. Obtuvo Mención de Honor en el Segundo Concurso de Minirrelatos, con su texto “Machismo”. Recientemente publicó La madre de los tomates, un libro de colmos.

miércoles, 14 de mayo de 2014

PRESENTACIÓN LIBRO MARGARITA LUCIANO El patio encantado por Brunilda A. Contreras N.

PRESENTACIÓN LIBRO MARGARITA
El patio encantado

Es primavera,  y en primavera retoñan las flores y la brisa fresca lo acaricia todo.  También reverdecen en la conciencia  de los adultos aquellos recuerdos de una niñez forjada sobre los cimientos de lúdicas experiencias, matizadas por cuentos, cantinelas, representaciones y, sobre todo, muchos juegos que pervivirán  por siempre.
Y en esta primavera de 2014 ha surgido una hermosa novela, en el siempre florecido  jardín de mi buena amiga Margarita Luciano.  Lleva el más sugerente de todos los títulos: El patio encantado, cuya lectura ha despertado en mí, además de los recuerdos de la infancia,  las letras de una canción de Alberto Cortez, que dice:
En el patio hace mucho se gozaba la infancia
con un aire a domingo, con un aire de fiesta
niñerías y juegos de poquita importancia
estrenaban la vida bajo el sol de la siesta.

Porque no hay mejor lugar para estimular la creatividad infantil y su hermana gemela, la imaginación que un patio grande, donde  con  la cómplice custodia de una tía Dilia, se puedan echar a andar estas dos fuerzas poderosas.  El patio es el lugar de convergencia de  muchos géneros literarios, disfrazados de ingenuos, inocentes y divertidos juegos.
Pero en la edad de los juegos, lo más importante es la posibilidad de que los infantes disfruten, se ejerciten, liberen endorfinas, que son las llamadas  hormonas de la felicidad, aprendan a compartir, a respetar a los demás, y sobre todo,   a resolver conflictos entre ellos, ejercicio que los conducirá al establecimiento de correctas relaciones con los demás, porque, continúa diciéndonos Alberto Cortez:
Los rincones del patio eran la fantasía
nos prestaban paisajes y lugares remotos
y nos daban refugios donde siempre vivían
los eternos juguetes manoseados y rotos.

Estos juegos, hábilmente recreados por Margarita, permiten  que los niños ejerciten los órganos que intervienen en la expresión lingüística  porque todos ellos exigen una buena dicción:
Montado en su caballito
sin bridas y sin estribo
va un jinete soñando
en recorrer los caminos.
Arre que te  arre
taca, tacatá
dice el jinetito
con voz musical.

Los juegos infantiles permiten por encima de todo que se cumpla la función básica de la literatura,  que es la diversión, en este caso en su versión oral, mediante  composiciones  cuyo recurso básico en algunos  tipos  es el sin sentido:
Ambos a dos matarile rile rile
Ambos a dos matarile, rile ron, o:

El baile de la caraqueña
es un baile muy disimulado
que poniendo la rodilla en el suelo
todo el mundo se queda admirado…

  Y quizás una de las mayores bondades de   estos juegos es precisamente el poder  de enseñar sin caer en el  llamado utilitarismo, que consiste en usar la literatura para fines que no le son propios  ni  en el didactismo forzado. Esto es así porque, teniendo como marco la rima y el ritmo, propios del ámbito del hemisferio cerebral derecho, los infantes aprenden,  a contar y a memorizar a temprana edad:
Uva, pera, manzana y arroz
                                                   ¿a los cuántos años
                                                        me casaré yo?

                                                             Al  uno,
                                                               a los dos,
                                                                a los tres,
a los cuatro,
a los cinco,
 a los seis,
 a los siete.
 a los ocho,
 a los nueve,
a los diez…
a los cincuenta…, o:
Enero, febrero, marzo, abril y mayo
son los cinco meses primeros del año.
Estos juegos tradicionales, traídos de España y de otros lugares  por los inmigrantes, y con frecuencia adaptados o modificados por nosotros por lo que se encuentran múltiples versiones por doquier representan en su parte oral, el primer encuentro del niño con la literatura. Así, cuando ingresa a la escuela  lleva una buena  mochila cargada de canciones, poesías, dramas, retahílas, adivinanzas…
Benditos los patios que han permitido el desarrollo de las inteligencias múltiples,  muchísimo antes de que fueran presentadas por Howard Gardner.
 Las inteligencias intrapersonal e interpersonal, porque se juegan en grupo, en los cuales se enfrentan y resuelven muchos conflictos surgidos en la propia dinámica y lo que  permite que el niño que  interiorice la experiencia.  La corporal  y la espacial porque el  cuerpo se convierte en un espacio coloquial por el que transitan todas las experiencias vividas, y al que hay que destinar un entorno físico específico, la musical, porque el   juego exige ciertos movimientos rítmicos;  la matemática porque hay juegos que suman, restan, dividen   y multiplican, la musical, porque, lógicamente se  canta, se toca y se baila,  y la lingüística, porque en el lenguaje está cimentada, y está considerada la más importante de todas las inteligencias.  
Leer este libro ha sido recorrer un camino de gratísimos recuerdos, con El baile de la caraqueña, Tengo una muñeca vestida de azul, al que también se engarzaban otros propios de mi niñez como Piripipí yo tengo un novio…, o El hijo del conde, caramba me mandó un papel, que si yo quería, caramba, casarme con él…, para deslizarme luego en la versión campesina del tobogán que era un delicioso yaguacil, testigo de la rotura de muchos pantalones,  faldas y hasta piernas y caderas, que muchas veces ocasionaban la ruptura de la armonía con los padres y parientes.
Pero esta experiencia no podía ser perfecta, al finalizar me encontré con la dura realidad   de que los patios, al decir de Cortez, se han marchado ¡acusados de ociosos!, me produce el dolor de que los niños no puedan más disfrutar del desarrollo de su creatividad innata, mediante la cual un simple palo se transformaba en un vigoroso caballo, unas malezas en espaguetis, o un simple higüero en un hermoso perro o en un gracioso lechón. En contraste, han recibido juguetes que por muy sofisticados que parezcan, tienen limitadas sus funciones, lo que ocasiona el constante aburrimiento. Naturalmente, sin soslayar el tremendo beneficio que les ofrece la tecnología.
Pero Margarita y  yo, así como todos los que disfrutamos de esa infancia maravillosa colmada de posibilidades, sabemos que en los más profundo de nuestros seres, desde un rincón de nuestra subconsciencia, siempre retumbará la voz del niño interno que todos llevamos adentro y, que cuando menos lo esperemos, nos sorprenderá con un “Pisá colá”.
Muchas gracias y buenas tardes.

Brunilda A. Contreras N.

30 de abril de 2014, XVII Feria Internacional del Libro 2014



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